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Turismo El Puerto de Santa María

Monasterio de la Victoria

Este edificio se levantó a las afueras de la ciudad. Su fábrica se comenzó en 1504, y en 1517 se debió entregar a los Mínimos de San Francisco, frailes que gozaron de grandes privilegios desde la fundación de la orden.

Monasterio de la Victoria
No se sabe con la exactitud la fecha de instalación de estos monjes en nuestra ciudad -la primera de las órdenes religiosas masculinas que se instaló en ella-, pero sí que los Mínimos, en su expansión por Andalucía (Real Convento de la Victoria de Málaga, fundado por los Reyes Católicos, de Andújar, ...) se hallaban en El Puerto en 1502. En 1506 ya estaban instalados bajo el mando de Fray Marcial de Vizines, electo provincial que sería quien en 1517 recibió la donación del edificio que el Duque D. Juan de la Cerda hizo a la comunidad.

Según Hipólito Sancho el santuario tuvo en un principio un origen distinto al que luego se le dio, que era el de panteón de los Duques de Medinaceli, entonces señores de la ciudad, por lo que se financió en un primer momento con el patrocinio ducal y más tarde con aportaciones municipales. Así consta en la lápida que se encuentra a la entrada de la iglesia:
"J.H.S. María/ Esta obra mandaron facer los muy ilustres sennores don Juan de la Cer/ da y Donna Mencia Manuel Duques de Medinaceli, Condes del Puerto de Santa/ María. Comencose siete de junio anno del nas/ cimento de nuestro Salvador Jesuchristo de mil quinientos cuatro annos".
Las aportaciones del Duque D. Juan y los recursos de la comunidad permitieron hacer, a lo largo de los años, un edificio suntuoso sin la mezcla chocante de varios estilos, como era tan común en los edificios de la época, resultando un interesante ejemplo de gótico tardío por estas tierras, al que no le faltan algunos elementos renacentistas.

El Monasterio consta fundamentalmente de tres elementos: iglesia, claustro y salas capitulares.

Iglesia

Lo más fundamental es su fachada, muestra exquisita del arte ojival. Está compuesta de dos grandes machones piramidales adornados con columnillas ojivales adosadas. Entre ambos hay un arco conopial que tiene en su vértice un escudo con las armas de La Cerda: el castillo y el león rampante de las armas reales de Castilla y las tres flores de lis de Francia.

Como en otros muchos edificios construidos por esa época, el ascendiente sevillano, sobre todo en el templo, alcanza no sólo a su estructura sino también a la inspiración de muchos de los motivos que la decoran, fundamentalmente la portada, concebida a modo de retablo, con abundantes elementos decorativos góticos y vegetales típicos de los últimos años del siglo XV. De características similares a las de otras iglesias jerezanas del mismo estilo y a la Puerta del Perdón de la Iglesia Mayor Prioral, lo que hace pensar en el mismo autor de esta última.

El tímpano de la puerta se halla partido en dos mitades por una hornacina que debió albergar la imagen de Nuestra Señora de la Victoria, titular del Monasterio. De la portada lateral del templo solo quedan restos.

El interior es de una sola nave, carece de crucero y tiene ocho capillas laterales amplias, cuatro a cada lado, y la ducal, situada a la derecha del Evangelio y comunicada con la iglesia por una pequeña puerta. Cada una de las capillas tenía su advocación propia. La cabecera de la iglesia alberga la capilla mayor. A los pies destaca el coro, apoyado en un gran arco rebajado con bóveda estrellada.

Son muy notables las cubiertas en la que vienen a coincidir armónicamente elementos de dos estilos: el gótico, que fenece y el renacimiento que lo sustituye. Las nervaduras van desde las simples ojivas de las capillas laterales a las de terceletes, el complicado esquema de la nave central o el más elaborado de la cubierta estrellada del presbiterio. El sistema de equilibrio del templo es de arbotantes y botareles, desacostumbrado en esa época en la que ya se usaban contrafuertes.

La iglesia del Monasterio fue una de las más frecuentadas, gozó de gran popularidad y en ella se instalaron cofradías penitenciales de gran devoción como las del Santísimo Cristo de la Humildad y Paciencia y la de Nuestra Señora de la Soledad.
Monasterio de la Victoria

Claustro

Es un gran patio cuadrado con galerías en sus cuatro lados. Estas cuentan con todo un repertorio de motivos ornamentales en las claves de las bóvedas, de crucería sencilla, y las ménsulas de apoyo de sus nervaduras. El claustro es una pieza notable. Su construcción se inicia en el gótico, a finales del siglo XV y principios del XVI, contemporáneamente con la del templo. Así, el piso inferior lo forman cuatro pórticos de arcos ojivales peraltados.

En este cuerpo inferior hay que destacar los enormes contrafuertes en que descansan los arcos, perforados en su parte inferior por un vano enmarcado por arco conopial, que deja paso a una persona.

Sobre uno de ellos, las armas de los patronos. Este primer cuerpo es de estilo gótico y el cuerpo alto tiene elementos renacentistas, en el que se observan claramente dos fases de construcción con distintos detalles decorativos. Y aún hay una última intervención en que los grandes vanos de las arcadas altas se transforman en óculos o ventanas.
Monasterio de la Victoria

Refectorio y Salas Capitulares

Aunque Existió un refectorio primitivo, el que se conserva en la actualidad fue encargado a Francisco de Guindos, maestro mayor de la ciudad, según acuerdo de 24 de diciembre de 1699, por el que se comprometía a la construcción de una Sala Capitular. En realidad, son dos, pero una, la más cercana al templo, es la Sacristía. Ambas salas capitulares están contiguas al refectorio, que fue finalizado en 1700.

Otra pieza significativa del edificio es la torre, que sirvió como campanario y está compuesta de dos cuerpos.

Usos del Edificio

Desde su fundación, este edificio ha pasado por diversas vicisitudes: su primer destino a panteón ducal que más tarde sería alterado, la invasión angloholandesa de 1702, la riada que siguió al terremoto de 1755, la invasión napoleónica en que fue expoliado y la posterior secularización debido a la desamortización de Mendizábal. En el siglo XVIII fue sede de estudios teológicos y artísticos, y en el XIX, seminario y noviciado jesuita.

Más tarde su destino para hospicio, albergue y hospital de heridos de guerra, y el establecimiento en él de un Centro Penitenciario desde los primeros años del siglo XX.

El Monasterio es un edificio declarado Bien de Interés Cultural y en la actualidad se ha recuperado como elemento del paisaje urbano local, rescatándolo del anonimato en el que se encontraba hasta hace pocos años y se le quiere volver a su antiguo esplendor monumental.