Los orígenes: La huella del Vino, pincelada histórica
La historia del Vino de Jerez se remonta al tiempo de los Fenicios, pueblo de comerciantes originario del extremo este del Mediterráneo (actual Líbano), quienes hacia el S. IV a.C. fundaron la que es considerada como la ciudad más antigua de Europa occidental: Cádiz. No lejos de Cádiz fundaron los fenicios algunos siglos más tarde otro asentamiento, llamado Xera, que constituye la primera referencia a lo que hoy en día denominamos Jerez, y cerca de la actual El Puerto de Santa María, en el Yacimiento Arqueológico Doña Blanca, se descubrió hace algunos años unos lagares fenicios que demuestran la existencia de una industria vinícola desde el año 700 a.C.
Durante los siglos posteriores, la presencia de griegos, cartagineses y romanos no hizo sino desarrollar aún más la industria vinícola local. Sin duda, fue con la dominación romana, que da comienzo en el S. II a.C., cuando los vinos de "Ceret" comienzan a ser auténticamente conocidos y apreciados fuera de nuestras fronteras.
Tras la reconquista de la ciudad por el rey Alfonso X "El Sabio", en 1260, comienza un periodo tumultuoso para la ciudad y toda la zona del Jerez. La vida en la frontera entre los reinos cristianos (Castilla) y musulmán (Granada) supone largos años de violencia, así como también períodos de pacíficos intercambios comerciales. Desde el mismo momento de la Reconquista, las autoridades cristianas protegen y fomentan la industria vinatera local, que a pesar de las numerosas vicisitudes, crece de forma considerable.
El desarrollo de la actividad vinícola a lo largo del S. XVIII se ve limitado en gran medida por las restrictivas reglas de funcionamiento del Gremio de la Vinatería. Dominado por los viticultores, el Gremio prohibía expresamente en sus ordenanzas la posibilidad de almacenar vinos de distintas cosechas, lo que hacía imposible envejecer los vinos. En consecuencia, los caldos que se exportaban eran siempre vinos jóvenes del año, fuertemente fortificado, al objeto de preservarlos para el viaje.
A lo largo de todo el siglo se van estableciendo en la región numerosos comerciantes extranjeros que, junto con los “extractores” (comercializadores) locales comienzan un largo pleito que habría de terminar, ya en el S. XIX, con estas normas tan restrictivas. La definitiva abolición del Gremio de la Vinatería supuso un fuerte impulso para la producción y el comercio de vinos y, lo que es más importante, una conformación definitiva de la identidad de los vinos del Marco. La posibilidad de almacenar vinos de diferentes cosechas y la necesidad de abastecer al mercado con una calidad estable da lugar a una de las aportaciones fundamentales de la vinatería del Marco del Jerez: el sistema de soleras. Por otra parte, al prolongarse el tiempo en el que el vino se mantenía en las barricas o botas, la fortificación pasa de ser un mero medio de estabilización a convertirse en una práctica enológica; la adición de aguardiente vínico en distintas proporciones da lugar así a la amplia tipología de vinos de Jerez que hoy conocemos