Un paisaje bodeguero singular
En paralelo y perpendicular al margen derecho del río Guadalete, en las inmediaciones de la que era entonces su desembocadura a la Bahía de Cádiz y en las cercanías de dónde se encontraba la antigua Ermita de Guía (de ahí su nombre9, se extiende el más singular de los ensanches urbanos de nuestro país: el polígono industrial bodeguero del Campo de Guía. Este ensanche industrial es la principal y más clara manifestación arquitectónica y urbanística de la segunda fase de desarrollo de la moderna vinatería de la zona del Marco del Jerez. La agroindustria vinatera moderna sustituyó a la vitivinicultura tradicional en un largo y conflictivo proceso de cambio que se inició en la década de los años sesenta del siglo XVIII.
Tras las guerras en las que participó España en los años finales del S. XVIII y en los primeros del S. XIX (de 1739 al 1795, contra Francia; de 1796 a 1802 y de 1804 a 1808, contra Reino Unido; y de nuevo contra Francia entre 1808 y 1814), que afectaron negativamente a esta actividad, se inició la recuperación del negocio; una segunda fase de desarrollo en que tuvieron una destacada importancia los capitales aportado por indianos repatriados y por la burguesía de la zona, que
tuvieron que reorientar sus actividades económicas debido al proceso de independencia de las colonias españolas en América y a la ya anterior crisis del comercio con América. Aunque desde finales del XVIII comenzó la compra de terreno en el Campo de Guía por parte de esta burguesía, fue en los años veinte del S. XIX cuando este fenómeno se extendió y se inició la construcción de grandes bodegas de crianza, de almacenado y de exportación de vinos, y de trabajadores de tonelería. Los conflictos entre particulares y entre éstos y la administración dieron lugar a que el Ayuntamiento optase por redactar un plan de ordenación de la zona, que aunque tuvo también sus problemas, fue aprobado y puesto en práctica.
El ensanche industrial del Campo de Guía es el primer polígono bodeguero planificado en España en el primer tercio del S. XIX, en la transición del Antiguo Régimen al liberalismo. El planeamiento fue obra de los arquitectos Torcuato-José Benjumeda y Juan Dauma y contó con la aprobación de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en 1835: esta es la singularidad histórica de este conjunto bodeguero.
Además de su singularidad histórica, el ensanche bodeguero del Campo de Guía es un polígono industrial único en su género desde el punto de vista urbanístico. En Jerez de la Frontera y Sanlúcar de Barrameda los desarrollos urbanos bodegueros han seguido otros modelos, diferentes a a la peculiaridad que presenta El Puerto. El ensanche del Campo de Guía de El Puerto constituye un paisaje industrial urbano peculiar: lo forman grandes bodegas catedrales y amplios trabajaderos de tonelería.
Las bodegas son de cubiertas a dos aguas, fachadas con ventanas a la máxima altura posible (excepto los escritorios) y portadas neoclásicas rematadas en frontones triangulares. Hay también notables bodegas de cubiertas planas. Los trabajaderos de tonelería son de menor altura, con ventanas simuladas o sin ellas y sólo están cubiertos parcialmente. Estas líneas arquitectónicas presentan varios colores: el blanco de los muros las tonalidades ocres de las tejas y las de los sillares y la calamocha de cornisas, recercados de frontones, vanos y zócalos; y el verde carruaje de persianas, rejerías y portones.
A través de ventanas y puertas, el paisaje urbano se prolonga hacia los techos de las naves de bodegas y, sobre todo, a los almizcates y bellos patios interiores de bodegas y trabajaderos de tonelería. Desde las alturas de azoteas cercanas se disfruta de otras perspectivas sorprendentes. El ensanche bodeguero del Campo de Guía es uno de los conjuntos constructivos de mayor "personalidad" de los que conforman la fisonomía urbana de El Puerto de Santa María y constituye un paisaje industrial único en su género.
Javier Maldonado Rosso